El semáforo

17 nov

Fondo-Pantalla-rota Se sentía mal y no tenía muy claro por qué.

Siempre que recordaba aquellos días deprimidos la imagen que le venía a la cabeza era la del semáforo de la calle Puerto Rico, ese semáforo en el que se paraba todas las mañanas camino del trabajo, el mismo que le desconectaba de la realidad y le recordaba hacia dónde se dirigía, día tras día la misma letanía, el mismo trabajo, las discusiones con Sabino, su jefe, los mismos problemas…

Aquellos días consiguió superarlos con un simple cambio de actitud, sonriendo cambió la imagen negativa que proyectaba. El camino no fue de rosas, pasaron semanas hasta que le reclamaron para el nuevo proyecto en el departamento de ventas, pero volvía a salir el sol, recobraba la ilusión.

A pesar de todo aquel semáforo le seguía atormentando, sólo él sabía que el cambio no procedía de su lucha interior, la sonrisa se la había devuelto aquella cosita de apenas 3 kilos que se había cruzado en su vida comiendo, llorando y durmiendo, porque el bebé no hacía otra cosa, aunque suficiente para hacerle recuperar la ilusión.

Aunque hoy era diferente, no tenía ese mismo sentimiento de ahogo de aquellos tiempos, ni siquiera estaba parado en el mismo semáforo. Tenía una sensación de ausencia, como si algo importante le faltara.

Se dio cuenta subiendo en el ascensor de la oficina, era el móvil lo que le faltaba. Lo habría olvidado en casa cargando, aunque no recordaba haberlo puesto a cargar anoche, no recordaba haber leído los últimos mails antes de acostarse.

Llamó a casa desde la oficina para preguntarle a Elena, pero ya habían salido hacia el colegio, nadie estaría en casa hasta media tarde, cuando las peques volvieran de clase de inglés.

Lo primero que le vino a la cabeza fue la reunión con Julia, tenía que ver a Pedro y Pablo para rematarla. Se jugaban un año entero de trabajo y había apuntado las notas en el móvil, ¡después de semanas de anotar los puntos importantes de la reunión, se dejaba el móvil en casa!

No salió nada mal, lo habían preparado tanto que bordaron la presentación final, Pedro y Pablo por fin habían conseguido ese puntito de confianza que necesitaban para sacar lo mejor de si mismos, ahora es cuando tomaban sentido las horas de reuniones, de machacarles intentando que mejoraran la presentación, analizando cada palabra.

Durante la comida la ansiedad no le abandonó, suspiraba por ver su correo, sobre todo el personal, ¿habría contestado el headhunter la última petición que había hecho? Tampoco podía llamar para interesarse. Llevaba varias semanas en un proceso de selección y estaba a punto de tomar una decisión, sólo quedaba rematar la parte económica, el cambio era arriesgado y el aumento de bonus de entrada era una especie de prueba para la nueva empresa. Habían quedado en darle la respuesta hoy mismo.

Mientras intentaba tragar la plasta que habían llamado rissotto pensaba en cómo ese cacharro rectangular al que le duraba tan poco la batería le ayudaba a tomar decisiones en el día a día, había fallado a sus compañeros en la elección del restaurante, donde les quería premiar por el esfuerzo de estas últimas semanas, en el plato a elegir y tampoco había conseguido sortear el atasco, casi llegan tarde. ¿Qué más penurias le deparaba la tarde sin teléfono?

Aunque tenía pensado trabajar en casa el resto de la tarde se dirigió a la oficina, no podía comprobar si le habían puesto alguna reunión mientras había estado fuera y suerte que había elegido ir, el comité de Europa quería verle para repasar el plan de cierre de la operación.

Llegaría a casa tarde y tampoco le apetecía ir al gimnasio antes de bañar a Paula. Correr sin el móvil había perdido interés, no podía sumar kilómetros a su reto mensual y Roberto le ganaría esta semana su pique personal de actividades, le podía ver corriendo con el móvil en el brazo restando calorías. Quizás después de darles de cenar se animara a correr por la calle, aunque la basura que había dejado la huelga de barrenderos en Madrid le echaba la idea para atrás.

Cuando llegó a casa le recibieron con un abrazo, todavía quedaba tiempo para repasar los deberes junto con su hija y eso hizo que olvidara consultar el móvil, aquel correo importante, las llamadas perdidas, el muro de Facebook, quería saber si había tenido éxito la foto de la cena del día anterior, ¡esta vez había bordado la presentación del plato! seguro que le daría un extra de puntos en Klout.

Mientras su mujer daba de cenar a la peque se acordó del móvil temiéndose lo peor, no recordaba una tarde entera sin que le interrumpiera con sus diferentes sonidos y vibraciones, mensajes nuevos, tweets de sus amigos, nuevos comentarios en el blog, había miles de avisos que desviaban la atención de lo que hiciera hacia esa pantalla iluminada.

Efectivamente, el móvil no estaba donde solía dejarlo cargando, en ese momento lo vio claro, aquel chaval que se les acercó a la mesa donde tomaban cañas la noche anterior, que se fue sin darles mucho el coñazo con una sonrisa que le llamó la atención, aquel era el culpable de su desconexión.

Lo primero que le vino a la cabeza fue el responsable de IT de la empresa, haberle sermoneado delante de su jefe no les había convertido en los mejores amigos, ya le podía ver sonriendo de lado cuando al día siguiente le devolviera la cucaracha que había cambiado por su smartphone. Le costaría semanas hacerse con un dispositivo que le devolviera a su mundo virtual.

Mientras hacía un recuento de lo que había perdido en manos de aquel cabroncete su peque le pidió que le acostara. En la cama, tras una sonrisa que le volcaba el corazón, le dio un gran beso, uno algo más especial de lo habitual, mientras le susurraba al oído lo contenta que estaba por haberle dedicado toda la tarde, “Papá, ¿por qué otro día no dejas el móvil en la oficina como hoy? ¡Siempre estás con el tiqui tiqui ese y no me haces ni caso, hoy ha sido una noche genial!”

El estómago se le revolvió, por unos instantes se le volvió a aparecer el semáforo tan nítido que lo podía tocar, esa pequeñaja que 7 años atrás había conseguido ahuyentar sus fantasmas le recriminaba su falta de atención, la misma que le robaba aquella pantalla que le esclavizaba.

No tardó ni décimas de segundo en tomar la decisión.

Santiago Arias

¡Socorro, mi consciencia!

3 nov

¿Cómo he conducido hasta el trabajo? Me volví a perder las noticias de la radio… ¡Seguí el camino de siempre cuando quería ir a otro lado!

El colmo fue el jueves pasado, me di cuenta que tenía automatizado el cepillado de dientes, el afeitado y hasta el abrochado de cordones, por eso quizás el otro día salí con dos zapatos de cada color ¿cuántas más cosas haré a lo largo del día sin enterarme? Ains, La vida se me escapa entre los dedos.

¡Esto se va a acabar! No me pienso dejar robotizar, a partir de ahora todo lo haré con pleno conocimiento, ni un parpadeo se me escapa.

Después de 4 días no puedo más, estoy taaan cansado de mi propia consciencia y de mí mismo… ¿Dónde están mis momentos de abstracción absoluta y absurda? Si ya era difícil hacer dos cosas a la vez ahora es misión imposible.

Eso sí, ya sé en cuántos sorbos me tomo el café por las mañanas. He ganado a mi inconsciencia.

It’s with mixed emotions…

1 dic

Creo que no hay otra frase que mejor exprese mis sentimientos ahora mismo.

Tras 13 años trabajando en la misma empresa estoy a punto de dar el “salto”, abandonar el lugar en el que entré con pantalón corto con 24 años, despedirme de los compañeros que me han visto crecer como profesional, de los que he aprendido lo que quiero y lo que no quiero ser en mi vida. “Por fin” he tomado la decisión de salir de mi zona de confort.

La verdad es que llevaba unos meses que no me reconocía a mi mismo, con dudas, nervioso, dudando de cada paso y con escaso interés en dar muchos hacia delante: desmotivado. Intentando desconectar de mil maneras. Y al volver a la realidad encontrarte con una sensación horrible de desgana, harto del día a día en el trabajo.

Si pienso profundamente por qué he llegado a encontrarme así creo que hay dos motivos, estar haciendo lo mismo los últimos 6-7 años y principalmente los cambios que se han producido últimamente en mi empresa , la salida de gente con mucho talento y la llegada de otros con mucho que demostrar, sobre todo sin confianza en ellos mismos y en su equipo. Estos han conseguido que no reconociera la empresa donde eché los dientes.

A pesar de esto me siento un afortunado, mi madre a menudo me dice que en realidad soy un “regalao de la vida”, por haber podido trabajar disfrutando durante la gran mayoría de los años en esta empresa. Seguro que hay gente que no llega a disfrutar ni siquiera unos meses en su trabajo.

Siempre he dicho que hay de quien aprendes, gente con la que compartes experiencias enriqueciéndote y creciendo profesional y personalmente y otro grupo, del que hay que huir, pero que te ayudan a saber como no quieres ser. Por fortuna en mi vida profesional me he encontrado muchos más del primer grupo.

Con esta situación personal y profesional es más fácil tomar la decisión, es más sencillo subirse al tren de un nuevo proyecto. Pero aún así me ha costado encontrar mi vagón, mi estado de ánimo ha hecho que en muchas de las entrevistas no haya conseguido ponerme en valor, o incluso demostrar interés por el nuevo puesto, así es muy difícil.

Pero una vez más he tenido suerte, una persona de mucha confianza, una de esas con las que te irías al fin del mundo, me ha ofrecido un puesto muy atractivo, de los que me ofrecen un reto profesional importante y para rematar en una de las empresas más interesantes de mi sector.

Si miro en mi interior sé que desde el mismo momento en el que me llamó sabía que aceptaría y en ese momento, los que me conocen dicen que me cambió la cara, el brillo de los ojos.

Así que, a pesar de estos sentimientos encontrados puedo decir con total seguridad: I’m Back!

Unos meses ya con los 37, qué número más feo

15 sep

Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en los 37 es indiferencia, vaya número más feo, no? 37. También, por primera vez, pienso que se acercan a toda velocidad los 40 y que las cosas están cambiando, me hago “mayor”

Lo de la indiferencia no es que sea malo en este tema concreto, el de la edad. Me siento bien, no me preocupan los años ni cumplirlos aunque cada vez que nos corremos una juerga paso los días siguientes cansado e incluso deprimido, el alcohol es un gran depresivo y hace que le de mil vueltas a la cabeza y eso seguro que antes no me pasaba, ¡qué va!  Lo malo de verdad es que siento indiferencia ante muchas otras cosas, la crisis económica me está afectando mucho más de lo que parece y por mucho que nos intenten convencer de que lo que no mata engorda y te hace más fuerte está siendo una época en mi vida complicada, muy complicada.

En el trabajo, si antes costaba cerrar una operación unos meses ahora estos plazos se multiplican además de reducirse mucho el número de oportunidades, la misma indiferencia que sufro yo me temo que la sufren también mis clientes, mis partners y mis compañeros, al equipo al que tengo que pedir que ilusionen a nuestros clientes y que se ilusionen con su trabajo, que se diviertan trabajando conmigo más que con otros.

Además las normas han cambiado, en las empresas en muchos casos, están triunfando personas sin escrúpulos y en muchos casos es a ellos a los que me tengo que enfrentar al cerrar. El “todo vale” poniendo de excusa la crisis, los recortes y las presiones internas está en auge. Lo que no saben estas personas es que la crisis se acaba y la etiqueta que te pones en un mes tardas años en quitártelas ¿Realmente quieres que te recuerden así? A la mayoría de ellos no les importa, nunca les remordió lo que opinen de ellos, ¡qué felices son!

Después de cumplir los 37 hace ya unos meses, quitando esos momentos de cansancio puntual por el “exceso” de horas de trabajo o por el curro de las niñas o por estar haciendo más ejercicio que antes, me encuentro feliz, fuerte y con muchas ganas de hacer cada vez más cosas diferentes. El verano, el descanso del coco, me ha sentado mejor de lo que pensaba, me ha ayudado a vencer parte de esa indiferencia y a ilusionarme de nuevo en el día a día del trabajo.

Físicamente me encuentro mejor incluso que hace unos años, supongo que por haber hecho mucho más ejercicio estos meses, por estar más activo, aunque me da pena no haber empezado antes para ahora estar más en forma y poder hacer más cosas.

Lo de hacer más cosas, o más bien querer hacerlas me genera todo un “problema”, tengo ansiedad por no hacerlas, tengo una sensación horrible de pérdida de tiempo y de que los trenes pasan por el andén pero no los coges y no por no llegar, los ves pasar. Es como si tuviera 90 años y me quedara muy poco tiempo para hacer cosas, muchas de las que me quedan pendientes. Tengo ganas de leer y leer, de escribir, de andar, de viajar, de descubrir sitios y gente nueva, de hacer fotos, de compartir esas fotos, de hacer deporte antes de que no pueda y al mismo no quiero dejar de lado el conseguir retos en el trabajo, evolucionar como profesional y sobre todo, por encima de todo pasar tiempo con la familia, sobre todo con las niñas y con mis amigos.

No me quiero perder la evolución de las niñas y ser parte de esa evolución, que me recuerden como un padre cercano, que estaba allí pero con ellas, no en un lado viendo como crecen mientras miras una pantalla de ordenador. De hecho debería estar disfrutando de ellas en vez de estar escribiendo esta entrada en el blog: ansiedad!

Creo que todo se resume a mi problema fundamental, el de toda la vida, no sé priorizar y si priorizo no consigo poner los planes en marcha.

¿Tienes tu también esa sensación?¿Compartes mis inquietudes?¿O te dejas llevar? Seguro que si es así eres más feliz que yo

Ya hace casi un año

17 abr

Pues si, el tiempo vuela, pero ya hace casi un año que corrí mi primer 10.000, ya hace un año que Javi y yo pensamos que teníamos que cambiar un poco nuestra vida, marcarnos nuevos retos y como ejemplo correr una carrera popular. Me sigue pareciendo gracioso que todo esto lo decidiéramos con un par de rones encima y que encima lo mantuviéramos. Las mejores ideas no salen de los garajes.

Hoy he mejorado mi marca, desde aquella carrera de mayo de 2010 esta es la 5ª de esa distancia y hasta ahora todo ha ido bien: mejor tiempo, grandes sensaciones, diferente compañía… por ahora veo lejos el punto de inflexión, creo que entrenando puedo seguir mejorando, por ahora.

Quizás haya empezado tarde con este hobby, lo ideal hubiera sido hace unos 10 años, cuando todavía tenía tiempo de bajar la frecuencia de la patata, para no tener que ir pendiente del pulsómetro en cada repecho, en cada sprint, pero hace 10 años estaba a otras cosas, no hacía falta cambiar, la vida era cambiante y los retos venían día tras día sin apenas pedirlos.

La carrera de hoy ha sido diferente, a pesar de los diferentes dolores, de que se me sigan durmiendo la planta de los pies y de que las ampollas no cejen tras los entrenamientos y las carreras he conseguido disfrutar mucho, mucho. Me he conseguido fijar más que nunca en la gente, en los espectadores, en los detalles de la carrera y todo lo que rodea, me he sorprendido incluso aplaudiendo a los “compañeros” del maratón, a los que nos aplaudían o fotografiaban desde la barrera. También me ha llamado la atención que no me han parado de adelantar hasta el último kilómetro, cuando he conseguido esprintar, me he podido guardar una última subida de pulsaciones para la recta final, en otras carreras me adelantan culos anónimos los primeros kilómetros, a mitad de carrera ya conozco los culos que me rodean y termino yo adelantando otros que se las prometían más felices cuando se colocaron en la salida.

La carrera se la dedico a Javi y Ruth, sólo ellos saben por lo que están pasando. Para muchos esta dedicatoria no tendrá demasiado valor pero para mi conseguir un reto en una actividad impensable hace algo más de 13 meses y mejorarla un año más tarde es un preciado tesoro y un orgullo.

Un año más, ya estamos Aquí

16 dic

Un año más y cada año más rápido, llegan las Fiestas de Navidad. Una alegría para muchos, un pesar para unos cuantos y para todos kilos de más (que luego quieres perder) y miles de menos (que luego debes recuperar)

Niebla Cotos-10-01-16-23No son mis vacaciones favoritas, aunque reconozco que lo de vernos con la familia, amigos y compañeros de trabajo con un buen mantel delante y una copa después en la mano siempre me ha hecho especial ilusión. Soy un comedor y bebedor social, me encantan las de Navidad, aquí nadie tiene excusa. Este año no va a ser menos, pero cada vez me gustan menos las multitudinarias y más las recogiditas, las de grupo de confianza cercano.

Es además muy sano disfrutar de un corte en el año, de una semana de vacaciones sin demasiados agobios de teléfono y correo. Se trata de una semana en la que todos damos por hecho que no hay que molestar, ya sea la de Navidad o la de Reyes, aunque veremos este año qué tal se portan los ingleses, ya han intentado cerrarme reuniones en Londres el día 5, bárbaros…

Está claro además que el aliciente de las Navidades ahora es otro, es ver disfrutar a las peques con todos los  detalles de estas Fiestas, lo viven con tal ilusión que merece con creces cualquier esfuerzo que hagamos y no solo me refiero al económico. Las reuniones familiares les encantan, son las reinas de la casa, lo de poner el árbol y el Belén, colgar a Santa Claus de la ventana, con mucho cuidado de que ellas no le sigan, encender todos los días las luces y escribir y dibujar miles de cartas de los Reyes Magos, ya sea sobre papel o señalando los anuncios de la tele ylos catálogos de los grandes almacenes ¿Quién no ha hecho carreras con sus hermanos para ver quién decía más rápido el “me lo pido” viendo anuncios? Para luego descubrir que lo que te habías pedido era una muñeca pepona que meaba y lloraba el biberón, quizás por eso ahora tenga dos… me lo merezco por abusón.

Me hace gracia que todo el mundo miente diciendo que es estresante lo de comprar regalos y que no les hace gracia que se los den. Puede serlo si no le dedicas tiempo, pero yo soy y creo que en general así sucede, de los que prefieren comprar a que les compren, me hace muchísima ilusión comprar detalles y ver la cara del regalado cuando abre el paquete desastroso que le doy, lo de envolver es una técnica que no mejoro con los años, por mucho que digan las que te envuelven los paquetes en la tienda que es ponerse, claro después de 1000 al día todo es ponerse. Si yo escribiera 1000 posts al día estoy seguro que terminaba con varios Premios Planeta, o no, que para eso necesitas un don, ¿no?

Este año le voy a pedir a los Reyes algo singular, me gustaría un curso de escribir, llevo muchos años enfrentándome al problema de la página en blanco, tema que, por cierto, comento mucho últimamente con amigos, pero me gustaría que fuera más en serio, con todas las de la Ley.

Siempre he dicho y también pensado que lo mío no es la imaginación, me fascinan las ideas que se les ocurren a los publicistas, a la gente de Marketing y a los escritores, debe ser orgásmico parir una de esas ideas. Mi falta de imaginación la achaco a la vergüenza, pero de eso hablamos otro día.

Si conoces algún curso de escritura y además conoces a alguno de mis Reyes Magos no dudes en decírselo, creo que están devanándose los sesos buscándome uno de esos caprichos que, según ellos, no me quedan.

Aunque la Navidad solo sea una buena excusa para que los niños se porten mejor de lo habitual bienvenida sea, la cruel amenaza de los Reyes Magos que lo ven y saben todo es la que mejor funciona del año.

Miedo a la enfermedad

25 nov

No es miedo, en realidad es terror, pero no a la enfermedad personal, por lo menos esto no me da tiempo a pensarlo, es a la enfermedad ajena.

Estos días y por razones que no tengo ganas de compartir por ahora, he tenido que lidiar con hospitales, enfermos y posibles e inciertos pronósticos y como en otras ocasiones me he bloqueado, he hecho todo lo posible por borrarme del mapa, termino no reconociéndome a mí mismo capeando la situación.

No me hace falta el propósito de enmienda, ya reconozco de ante mano que es un acto de puro egoísmo y me siento fatal por que sea así. Una persona muy cercana siempre me dice que el problema viene de haber estudiado en un colegio de curas, éstos consiguen que tu conciencia no te dé tregua, que se te aparezca bien iluminada y deslumbrante a la hora de apagar la luz de la mesilla y que limite tus horas de sueño. En muchos casos creo que es algo positivo, pero ¿y lo bien que duermen los del colegio de enfrente?

Ya me ha pasado en otras ocasiones, me quito literalmente de en medio, miro para otro lado y me vuelvo esquivo. Es una sensación muy extraña, de bloqueo, no consigo ni argumentarme ni comprenderme a mí mismo.

Conseguí superarlo, solo en cierta medida, cuando un familiar muy cercano enfermó y falleció y mi ausencia mental terminó explotando en el tanatorio, donde por primera vez en muchos, tantos años que no lo recuerdo, rompí a llorar de pura impotencia.

Creo no estar preparado para los años que se me acercan lentamente, buscaré ayuda donde hasta ahora no la he encontrado y por ser justos ni intentado.

Y tampoco creo estar preparado para recibir comentarios a esta entrada… comenta en la siguiente, que será, sin duda, más feliz.

El placer rutinario de viajar

24 oct

El otro día viendo la película de Up in the Air, junto a alguna conversación con amigos se me ocurrió escribir esta entrada.

En muy pocas cosas me parezco a George Clooney en la peli, lo sé no lo digas, tampoco en la forma de viajar, yo voy y vengo en el día y él pasaba fuera de casa meses enteros. El vivía más tiempo en los hoteles que en casa, yo prefiero pegarme el madrugón y la paliza para dormir con mis niñas y mi mujer en casita, con mi almohada, mi sofá, mi mando de la tele y mi nevera.

En lo que sí nos asemejamos es en la manera de actuar en los aeropuertos, sabe más el diablo por viejo que por diablo, frase que aquí aplica perfectamente. Buscamos la máxima eficiencia en las tareas cotidianas del aeropuerto, hacemos lo imposible para sufrir lo menos posibles las penurias que nos hacen pasar en cada uno de ellos, buscamos trucos para evitar largas colas, apuntamos y conocemos datos que el resto de los viajeros no conocen.

Me hizo gracia sobre todo el momento en el que pasa el control de seguridad, sabe dónde y detrás de quién colocarse para no estar más tiempo del necesario tras el arco. Deja meticulosamente las cosas en la bandeja, todo de una manera muy automatizada para perder el menor tiempo posible.

Cuando llego a la zona de seguridad de un aeropuerto y me encuentro con un viaje del IMSERSO o con un grupo de teenagers antes de mi en la cola me echo a llorar, sé que me va a tocar esperar, con las bandejas en brazos un largo rato, pesan, hazme caso. Me hace mucha gracia cómo las señoras mayores pasan el arco de seguridad, sin quitarse ni un solo abalorio levantando los brazo como si las estuvieran encañonando los de seguridad. Siempre pitan, siempre, siempre, siempre. Como vayas detrás de un grupo de 10 – 12 tienes muchas posibilidades de perder el avión. Con los teenagers es más fácil, te cuelas y punto, le echas un poco de cara, pones semblante serio y no te prestan demasiada atención, si dicen algo les miras con cara de malas pulgas y se acabó el problema. Si no consigues adelantarles su exceso de hormonas, su curiosidad y ese afán de hacerse los chulitos en todo momento hará que te retrases y te cabrees mucho más que con el grupo anterior, que al fin y al cabo son más lentos por naturaleza. Lo que es imposible es colarse al grupo del IMSERSO, yo por lo menos no tengo bemoles.

En la terminal 4 de Madrid, por ejemplo, cuando me encuentro en una situación de este tipo y voy con el tiempo pegado sé que le puedes echar cara y entrar por la seguridad del puente aéreo, si no hay demasiado lío nunca dicen nada, si lo hay es más fácil convencer al guarda de seguridad de que pierdes el avión que a los ancianos o a los de los cara paella (yo la he tenido). Ni se te ocurra intentarlo de vaqueros, así ni con tarjeta platino. Este “atajo” más vale un café la próxima vez que me veas, te salva de un apuro en muchas ocasiones. He escrito a Iberia varias veces para intentar que uno de los beneficios de la tarjeta Iberia Plus sea poder tener un control de seguridad más exclusivo. Si hacen esto que se metan la sala VIP donde les plazca.

Sabemos todo tipo de trucos, atajos que nos hacen más cómodos los viajes, que hacen que consigamos disfrutar más de los mismos. Yo por ejemplo guardo teléfonos de taxistas de toda la geografía, nunca está de más conocerles, te pueden evitar un retraso importante, si te caen bien te amenizan el viaje y no te la juegas con cualquiera. Esto que puede parecer una tontería es de las cosas que más cuido, de las que más importantes me parecen. En el aeropuerto de San Sebastián, como te tomes un café pierdes los pocos taxis que hay y te tocará esperar más de media hora con suerte, hasta que vuelvan los que se han ido. No te cuento en el aeropuerto de Granada, lo mejor que puedes hacer nada más aterrizar allí es correr para pillar uno.

También es importante si el recorrido es largo, de Antequera a Ronda es casi una hora, como te toque un pesado date por jodido, le vas a aguantar una hora, como huela mal llegas mareado, como no haya no llegas a Ronda. Me ha pasado incluso que no saben ir y das más vueltas que tu con el Tom Tom y un coche de alquiler. También saber si puedes o no pagar con tarjeta. Así que reúne unos cuantos teléfonos de cada sitio y te ahorras muchos problemas. Ellos además te lo agradecen un montón e incluso muchos te hacen descuento. Lo último que he hecho es contratar a uno por Internet a TaxiOviedo, un tío genial, muy interesante, pero eso será parte de otra entrada.

Otras de mis pasiones cuando viajo son los restaurantes y cafeterías. me encanta conocer donde comer en un viaje, dónde degustar la mejor fabada en Asturias o el mejor pescado al horno en San Sebastián, el pescadito en Almería y luego documentarlo de alguna manera: redes sociales al poder. Me encanta saber en qué aeropuerto se puede comer si vas con prisa y donde ni lo puedes intentar. Por ejemplo, en el de Bilbao se come bien pero es carete, en el de San Sebastián se pincha genial, pero además tienen un menú delicioso y muy asequible, a la camarera te la tienes que ganar, pero una vez conseguida te tratará como tu abuela. No recuerdo haber comido tan mal como en el aeropuerto de Almería, pero a 2km tienes La Barraquilla en mitad de la playa. En muchos como en el Granada o en el de Santander no tienes más que un self-service donde yo recomiendo coger un sándwich o jugándotela un poco un bocadillo de tortilla de patata con una lata de cerveza.

Otro punto interesante y que intento siempre tener en cuenta es el sitio donde sentarse en el avión, cuanto más delante mejor, siempre hay más espacio para las piernas en las primeras filas, la cortinilla de Business la mueven en función de lo contratado y esto lo siguen respetando.

Por otro lado, si viajas temprano al norte siempre lado derecho del avión y ventanilla, verás unos amaneceres espectaculares. Hacia el sur a la izquierda. El aterrizaje en San Sebastián es de las cosas más bonitas que he visto en mi vida, lo mismo en el de Asturias si no ha amanecido o lo está haciendo, Avilés es precioso de noche, de día mejor metete en una sidrería. El mar de plásticos de Almería llaman mucho la atención desde el avión, en Granada siempre hay bancos de niebla y te la juegas a que te manden a Almería.

Todos estos placeres, automatismos, manías, trucos hacen que cuando viajas mucho te sientas más cómodo y puedas disfrutar un poco más de los viajes. Creo que a partir de ahora voy a reducir mucho los viajes cortos y el otro día en Almería me daba pena por perderme todos estos momentos, creo que enriquece muchísimo conocer gente diferente, acentos, maneras de trabajar o incluso de putearte, aunque si los conoces sabrás evitarlos o al menos neutralizarlos. Lo de la gastronomía es un punto que me va a costar “desacostumbrarme”

Si que os tengo que confesar que en muchas ocasiones me siento más un maniático del tipo Melvin (Jack Nicholson) en Mejor Imposible que un George Clooney en Up in the Air, pero solo lo haré en persona y si me invitas a ese café que me debes.Por supuesto que en la cafetería en frente de la puerta J52 en la T4, en otra no me vas a encontrar, ponen el mejor café de toda la terminal.

Read it Later!

6 oct

Llevo un montón de años intentando encontrar la manera de guardar cosas que veo en Internet y que no me da tiempo a leer en el momento que las veo. He usado de todo: tengo una carpeta de “Para Leer” en favoritos del navegador a la que da miedo entrar (ya no lo hago), he usado bookmarks de Delicious, he apuntado en hojas de Excel, notas, documentos Word, todo lo que os podéis imaginar.

Nunca he conseguido que me fueran útiles, siempre me ha dado pereza volver a la carpeta, Delicious no es demasiado intuitivo y me ha dado problemas con alguna versión de navegador y lo de las notas, Excel y Words se pierde con una facilidad asombrosa.

Quizás lo que mejor me funcionara en su día eran las tareas de Outlook, tenía una categoría de lectura que me resultaba fácil de usar, lo malo es que cuando me quería poner no estaba delante del PC del curro, que es donde tengo el Outlook con las tareas. Ahora, además, cuando abro las tareas de Outlook me entra hurticaria, tengo tanto ahí por hacer que prefiero no entrar, las banderillas rojas se me clavan en el estómago proveocando un ardor horrible.

Descubrí usando el iPad Read it Later, una “aplicación” donde puedes ir guardando las páginas webs de tu interés con ese mismo fin, leerlas cuando tengas tiempo, hasta ahora uso la versión gratuita que lo que te ofrece son pequeños scripts que desde aplicaciones de iPad o incluso desde un browser pulsas un botón y se te queda guardada la web para leerla  más tarde en otra aplicación que te bajas en el iPad o en una web (multiplataforma)

Es una genialidad, es el típico servicio que resuelve una necesidad, entiendo que en la versión de pago podrás inlcuso categorizar de alguna manera las páginas que vas guardando para luego ir más al grano, a las categorías que te interesan en ese moemtno, si no es así ya les estoy dando ideas para mejorarlo.

Lo malo es que una vez resuelto la siguiente pregunta es ¿cuándo lo leo?

Tenemos acceso a tanta información, tantos blogs, webs, twitts, etc. que no damos abasto, hay tantas cosas por leer que cuando te pones con las cosas que has guardado muchas quedan incluso desactualizadas…

El otro día leía que hay dos maneras de verlo (no transcribo exactamente, leed la entrada de Bernardo si queréis más información): Unos creen que si el domingo lo dedicas a descansar, a ver la tele y los partidos de por la tarde para relajarte estás perdiendo el tiempo y derrochando tu vida. Otros dicen que hay que disfrutar de la vida, que pensar de esa manera es estar continuamente amargándose a uno mismo y que así es imposible ser feliz, siempre hay algo que no llegas a hacer, retos que no llegas a cumplir.

¿Tú a qué grupo perteneces? Yo cada vez tengo menos ardores el domingo.

Abogada, ¿qué tal has dormido hoy?

1 jul

Es curioso que después de 365 días de esfuerzo, alegrías, lamentaciones pero sobre todo de trabajo duro acabe el año y todo lfirmao anterior y el resultado final esté condicionado a la firma de un par de folios.

Todavía es más curioso que ésta esté condicionada al estado de humor de una abogada que da el visto bueno o rechaza el par de folios en base a una percepción completamente subjetiva.

Carolina, abogada anónima, espero que hoy te hayas levantado de excelente humor. Irás a la oficina pensando lo poco que queda para las vacaciones de verano, te tomarás el segundo café con tus compañeros que hoy no hablan de fútbol, ayer no hubo Mundial y te sentarás a trabajar, a decidir mi futuro y los de mis compañeros. En tus manos y en tu aprobación está que a unos 50km de tu oficina celebremos un buen resultado, que soltemos nervios y que cerremos de manera brillante y merecida un año de penurias.

Es curioso que seas tan ajena al éxito o fracaso de varias personas que sin tú saberlo dependen de tu estado de ánimo esta mañana.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.